sábado, 22 de junio de 2013

1899 Ramón el de Triana


Afirmaban  Mairena y Molina, en su conocido libro 'Mundo y Formas del Cante Flamenco' que "al hablar de las soleares de Triana, se hace imprescindible la referencia de Ramón «El Ollero», mixtificador de los cantes trianeros y especialmente de la soleá, que en su boca perdió «rajo» y aire gitanos, adocenándose en perezoso estilo gachón», algo que no compartimos casi ninguno de los que estudiamos este arte.

Dicha consideración tan desafortunada, fue corregida en parte con posterioridad por Mairena, en la serie 'Rito y Geografía del Cante' cuando alegó que 'Ramón el de Triana, fue uno de los artistas más notables del cante por Soleá.'

En cuanto a los estilos atribuídos a este excelente creador-cantaor trianero, no existe aún acuerdo definitivo, ni siquiera en su más elementales datos referidos a sus apellidos y fechas de nacimiento y defunción.

Mairena y otros autores le atribuyeron tres estilos, cuyos pozos sedimentarios deben andar en las soleares de Córdoba atribuídas al cantaor Onofre, así como en algunas de Triana donde seguramente dejó bastante más  huella de lo pretendido, pues Ramón el de Triana, fue un cantaor bastante importante en su época.

Luis y Ramón Soler, le atribuyen un único estilo, aunque reconocen que esta soleá sirvió de base para las del Machango, Onofre (1 estilo), Jose Yllanda (3er estilo), El Sordillo (Estilos 1 y 2) y Triana anónimo (Estilo 5º)

Para Manuel Martín Martín, "Ramón “El Ollero” (1835-1903), conocido como como Ramón el de Triana", "le debemos tres cantes por soleá de cuño trianero, Los cuatro puntalitos y Esta serrana merece, estilo éste que se atribuye a Machango y que lo difundió el Niño de las Cabezas, dos cantes que derivaron en formas como las del Sordillo (Cuanto te veo vení) o la de Antonio Ballesteros (Tuvo mi cuerpo más perdías), quedando su legado en la garganta de un Antonio Revuelta que también recreó sobre una variante de su maestro (Me daba alegría el verte)."

Cobitos con Manuel Cano (1969) SOLEÁ DE TRIANA

El Carbonerillo con Manolo de Badajoz (1930) SOLEÁ DE TRIANA

  

 Emilio Abadía con Manuel Rojas (1968) SOLEÁ DE TRIANA

  


Muy escasas son las noticias localizadas de este cantaor. Hoy traemos al Callejón una de 1899 donde Ramón el de Triana canta en el Casino sevillano, "unas soleares y malagueñas, como él sabe hacerlo"


 Otras noticias referidas a este cantaor son las siguientes:
La Libertad - 20/05/1928

"Dicen que el abuelo de Gitanillo, de «quien ha heredado el remoquete de «Curro Puya», tenía fama entre los «cañís» de ser hombre muy de pelo en pecho. Y era además un excelente «cantaor», que dejó recuerdo de su estilo, continuado más tarde por «Ramón el de Triana»
.
Hoy, Gitanillo de Triana, a quien también se le conoce en Sevilla por «Curro Puya», puede recordar aquella «soleá» que empieza:

Los «jeres» por las esquinas...

Y que su abuelo terminaba cantando;

Yo me llamo Curro Puya,
por la tierra y por la mar.
El que quiera algo conmigo,
no tiene más que avisar."

El Heraldo de Madrid de fecha 14 02 1929 publicó un interesante reportaje firmado por Ben Cansinos y titulado "Un Catedrático del Cante "Jondo" artículo dedicado  a Don Antonio Chacón:

"¡Y la de Ramón, el de Triana! (referido a su soléa)

«No quiero, que si quisiera,
con los «mesmos» materiales
otra casa «mesma» hiciera.»


La Estampa de 01 10 1932 lo vuelve a recordar en un artículo de Francisco Coves:

"Otro hombre intenso en la historia del flamenco andaluz era Ramón, Ramón "el Ollero", "Ramonsiyo", de Triana. Hacía ollas en Triana, barrio alfarero.

"Estudió" en la "universidad del cante", que era entonces Triana. De Cádiz, de Málaga, de los Puertos, de Córdoba.,., ¡de toda Andalucía!, venían los aficionados a "enmendar" los "cantes" a Triana.

Ramón fué el creador de unas "soleares". No salió el pobre nunca de Sevilla. Era muy buena persona y estaba siempre triste. La vida le fué mal. Era humilde y estaba enfermo. Estaba enfermó de un mal..., de ese terrible mal, "que hasta las ropas le queman al que muere de ese mal". Así lo decía él, con la sana intención de no engañar a nadie, sin querer engañarse a sí mismo jamás:

Estoy ético de pena.
Nadie "s'arrime" a mi vera,
que "er" que muere de mí mal
¡hasta las ropas le queman!"