domingo, 4 de noviembre de 2012

4º.- Tipismo gaditano: Yesca el de los Romances

(Dedicado a mi buen amigo Luís Suárez, que de Romances sabe más que el que los inventó)



De este personaje gaditano, de raza calé, sabemos su nombre y primer apellido, Juan de Dios de los Ángeles Salas y pronto -si tengo suerte-, averiguaré su segundo y demás datos fundamentales que publicaré en este blog.  Aunque como veremos, la prensa gaditana también lo llamó Juan José, en vez de Juan de Dios.

El que  describe a este original tipo gaditano es D. José María León y Domínguez (entonces Canónigo de la Catedral de Cádiz) en su célebre libro "Recuerdos gaditanos" (1897 - ´Cádiz, Imprenta Cabello y Lozón). También fueron acopiadas algunas de sus 'hazañas', por otros distintos autores, tales como: Ibáñez Pacheco, Adolfo de Castro y ya posteriormente por Vila Valencia, toda vez que este protagonista fue bastante célebre durante todo el segundo tercio del siglo XIX.

 
Adolfo Vila Valencia
Adolfo Vila Valencia en su libro 'Historia de Cádiz' nos cuenta que 'cuando este gitano murió, la fantástica descripción de su entierro -que constituyo un espectáculo-, apareció en un periódico de Madrid. Hay siempre humor para tales cosas. El relato llenaba columna y media, con cita de nombres y enumeración de homenajes rendidos'. Por su parte Ibáñez Pacheco en su libro 'Cuentos Gaditanos' nos narraba en el cuento titulado 'Los Algodones', que el entierro de su hermano 'Ñoto' fue narrado por 'La Correspondencia'. De ninguno de los entierros, hemos encontrado rastro en la prensa –pese a haberlas buscado convenientemente-, no citando ambos autores, ni fecha de fallecimiento ni de publicación.

Según León y Domínguez, fue hermano de otros dos ´héroes callejeros', 'Cáncamo' y 'Ñoto' del que nos ocuparemos en próximas entradas. Por su parte Ibáñez Pacheco, lo hacía también hermano de otro 'célebre', apodado 'Majalaolla' del cual no poseemos datos de ninguna clase.

Yesca, que debió nacer sobre los años 20 de 1.800, es descrito por Domínguez de la siguiente manera:

"¡Cómo, decíame yo al leerlo, aquella popular figura, aquel original tipo gaditano, aquel graciosísimo Yesca, con su estentórea voz de bajo profundo, notabilidad artística que pudo haber llegado a ser en la célebre Scala de Milán, a no haber errado la vocación; aquel héroe callejero con su cartera de romances al cinto, con su chafada 'bimba', regocijo de la gente zumbona y maleante, recorriendo las plazas y calles de Cádiz, haciendo 'eses', capeando gruesas borrascas con viento de proa, merced a las embates de una tan soberana 'pitima' que no podía lamerse. (sic) Con su chistera para atrás, mal cubiertos los grises y sucios mechones de la alborotada pelambre, los ojos espantados, descalzo y dando grandes zancadas -cuando estaba 'fresco'"

Con respecto a su voz, también nos comentaba Domínguez que ‘en cierta ocasión había abierto su soberana boca en la plaza de San Antonio y sus ecos habían repercutido en los cuarteles de Santa Elena.'
 
El primer rastro encontrado de este personaje lo hallamos en la publicación ‘El Nacional’ (Cádiz) de fecha 14 10 1848 y en donde Yesca, participa en la obra burlesca ‘Monsieur y madama Denis’, amén de que seguramente tomaría parte –dada su afición-  en la corrida de toros de hombres metidos en sacos que recoge dicho anuncio.



 Al día siguiente, en el número 14 de ‘La Tertulia’ (Cádiz), Adolfo de Castro publicaba, bajo el pseudónimo de ‘El caballero de la Tenaza’, el siguiente artículo que inserto en su totalidad a continuación.


Adolfo de Castro
1848 10 15_LA TERTULIA_Arrestos y valentías del intrépido Yesca


El periódico madrileño ‘La Discusión’ del 26 08 1860 publicaba una curiosa noticia relativa a nuestro -en este caso- afortunado personaje, adorador del Dios Baco:



Al parecer esta rica herencia, todo un fortunón para la época, le fue legada por un pariente carnicero que prosperó en las Américas y que nuestro personaje celebró -por lo que se desprende- por 'todo lo alto'.

En otro artículo firmado por Francisco Flores Arenas y publicado en 'La Moda Elegante’ (Cádiz) de 09 02 1862, nos contaba de Yesca que 'ha alcanzado su celebridad callejera por el punto de voz con que pregona sus romances'.

(…/…)

'Pero hemos nombrado a Yesca, y es bien que justifiquemos el derecho que tiene para estar allí con un ejemplo flamante. En efecto, uno de estos últimos domingos, a la que acudió copiosa concurrencia. Yesca, que hace a pluma y a pelo, y que lo mismo entona una antífona que se lanza a matar un toro, fue pedido por el público, y obtenida la venia, se presentó en medio del redondel con su intrepidez característica, y esgrimiendo la espada a lo colchonero, como decía Quevedo, dio al pobre animalejo unos cuantos tajos y pinchazos. 

El público, compadecido de la víctima, por más que no sea la compasión lo que más reluce en una plaza de toros, se arrojó a la arena, y entre palos, zapatazos y coscorrones consumó la obra empezada.  Yesca y otro aficionado,  que según nos han dicho se llama Tabares, y que esperamos ver pronto en el mostruario de los personajes célebres, fueron los héroes de la fiesta".

En el mismo Periódico y por el mismo autor, se publicó el 02 08 de 1863, lo siguiente:

'El otoño es probable que suspenda también, o por lo menos que haga más raras, las novilladas que durante el verano han venido sirviendo de entremés a las corridas de toros. Esto es verdaderamente una lástima; Yesca iba haciendo grandes progresos en el arte, y es cortarle en flor su brillante carrera, donde podía prometerse el emular las glorias de los Paquiros y de los Guillenes".


José Ponce

Por su parte, ‘El Boletín de loterías y de toros’ de 19 09 1865, narraba que en una corrida de toros, celebrada en la Plaza de Toros de Cádiz, donde tomó parte el torero gaditano José Ponce y Armiñana, casado con Cristina Ortega Feria, el cronista narraba lo siguiente:

'Ponce lo toreó al natural y a la verónica, y el maestro se lució con sus galleos, poniéndole en un pitón el sombrero de la celebridad conocida por Yesca, llevándoselo después al andamio donde aquel se encontraba bailando de alegría y tirándole al verlo la levita, en señal de lo mucho que este pobrete aprecia al maestro."

Este mismo hecho,  -la de poner su sombrero en el pitón del toro-, se convirtió en la moda de entonces, y en casi todas las corridas en las que asistió Yesca, los toreros correspondían en la súplica de este.

Y para terminar esta entrada, aunque si tengo fortuna, volveré sobre ella, dejo aquí un relato graciosísimo contado por León y Domínguez, en el cual unos semiranistas 'calaveras' de la Parroquia de Santiago, le gastan una broma, que termina con Yesca herido en 'salva sea la parte' y con el fallecimiento de un carnero, -según el parte facultativo-..... ¡de susto!.